
El retratamiento de conductos debe ser siempre la primera opción terapéutica para salvar un diente donde ha fracasado un tratamiento de conductos previo. Este procedimiento consiste inicialmente en la remoción del contenido presente en los conductos, con el propósito de lograr una nueva limpieza y conformación de esta área, para posteriormente proceder a un nuevo relleno y sellado. En un número muy importante de casos puede corregirse por esta vía la causa que provoca el fracaso previo (conductos sin tratar o tratados de forma incompleta, entre otros) y de esta forma se crean condiciones que permiten recuperar la salud. Pero, por otra parte, es posible que aún rehaciendo el tratamiento de conductos previo la lesión no cure y se requiera de un complemento quirúrgico. Aún en esta circunstancia es preferible haber modificado el tratamiento de conductos anterior, pues al mejorarlo en alguna medida, se tienen mejores posibilidades de éxito en la cirugía.
Es también importante saber que existen situaciones donde es prudente recomendar la optimización de la condición endodóntica a través de un retratamiento de conductos. Casos donde se tiene incertidumbre sobre el estado interno del diente o de los resultados del procedimiento inicial, aunado a otras variables, como lo puede ser la consideración de una nueva restauración, hacen adecuada y oportuna la búsqueda de la disminución del riesgo de complicaciones posteriores.
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